Pie cavo

¿Qué es el pie cavo?

El pie cavo es una malformación anatómica en la que el arco del pie es más alto de lo normal. Ello implica una modificación del apoyo en el suelo y una distribución diferente del peso corporal en los pies. Las personas que no presentan ninguna patología en los pies redistribuyen su peso corporal en tres partes concretas del pie; en el talón, la parte central externa y la parte delantera (donde residen los dedos), en cambio, las personas que sufren de pies cavos apoyan todo el peso solamente en el talón y la zona delantera (metatarso).

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Pie Cavo
Pie Cavo Dibujo

Cabe tener en cuenta que el pie cavo puede ser asintomático. Sin embargo, cuando el pie cavo es sintomático, los indicios pueden consistir en:

  • Dolor o malestar en los pies, especialmente en los lados o en la zona del metatarso.
  • Dolor e inestabilidad en los tobillos, lo que predispone a esguinces repetidos.
  • El desarrollo exagerado del arco longitudinal se acompaña de un acortamiento de los músculos extensores de los dedos originando los dedos en martillo o en garra.
  • Elevación de la bóveda plantar y retracción de la fascia provocando que se acorte el pie.
  • Aparición de callosidades en zonas de máxima presión, como el talón, o la zona metatarsiana.
  • Dificultad para permanecer de pie durante muchas horas consecutivas, caminar largas distancias o correr debido a que se intensifica la sensación dolorosa.

Escuchar al paciente, realizar un buen examen físico y efectuar un análisis de su historial médico suele ser un protocolo suficiente para obtener un diagnóstico correcto y poder planificar el tratamiento más adecuado.

Decimos que escuchar al paciente es importante porque el diagnóstico de pie cavo incluye una revisión de los antecedentes familiares ya que suele ser una afección hereditaria.

Efectuamos un estudio biomecánico de la pisada y examinamos si el paciente presenta alguna alteración neurológica. Si el arco alto del pie se debe a un trastorno neurológico u otra afección médica, es probable que empeore progresivamente.

Por este motivo solemos pedir otras pruebas diagnósticas entre las que cabe destacar: rayos X, resonancia magnética nuclear (RMN) de cerebro y médula espinal y electromiografía.

Pueden ser de origen congénito o adquirido.

La mayoría de las personas con pie cavo tienen un trastorno neurológico, que puede ser estático (los síntomas no cambian) o progresivo (los síntomas empeoran con el tiempo).

Los trastornos neurológicos estáticos que causan el pie cavo incluyen: accidente cerebrovascular, poliomielitis, parálisis cerebral, lesión espinal y lesión del nervio peroneo.

Los trastornos neurológicos progresivos que pueden causar pie cavo incluyen: un tumor espinal, tumor cerebral, quiste espinal, distrofia muscular, ataxia de Friedreich y síndrome de Charcot-Marie-Tooth.

Dependiendo de la gravedad del cuadro sintomático, el tratamiento puede ser conservador o quirúrgico.

El tratamiento conservador del pie cavo puede incluir una o más de las siguientes opciones:

Quiropodia. En el caso que el paciente presente durezas o callos en las zonas de apoyo.

Dispositivos ortopédicos. Plantillas personalizadas que se ajustan al zapato y son beneficiosas porque brindan estabilidad y amortiguación al pie aumentando la superficie de contacto y mejorando el reparto de cargas.

Ortesis digital de silicona. Para proteger los dedos que están en garra digital.

Modificaciones de calzado. Los zapatos de caña alta sostienen el tobillo y los zapatos con tacones un poco más anchos en la parte inferior agregan estabilidad.

Ejercicios de fisioterapia. Para mejorar los músculos del tobillo y lograr una mayor estabilidad, acompañados de ejercicios de estiramiento (o alargamiento muscular) con el fin de fortalecer todos los músculos de la pierna.

Si el tratamiento conservador no logra aliviar el dolor y mejorar la estabilidad del pie, es posible que se necesite cirugía.

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Tres generaciones cuidando tus pies

Desde 1979, tradición familiar y tecnología avanzada para la salud de tus pies.

Soy Aurora Casals Lluch, licenciada en Podología por la Universidad de Barcelona y orgullosa representante de la tercera generación de podólogos de mi familia.
Todo empezó con mi abuela, Montserrat Castells Nat, apasionada por el conocimiento y pionera en su época. Tras obtener todas las diplomaturas que ofrecía la Universidad de Barcelona, estudió Podología (1975–1979) y en 1983 se tituló también como Técnico Ortopédico. Inició su carrera en Sant Feliu de Guíxols en 1979, en la consulta de mi bisabuelo, un médico rural de gran prestigio, Martí Casals.
En 1980 abrió otra consulta en Barcelona, colaboró con el Dr. Ramón Viladot, trabajó en EE. UU…..

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